por Pipo Fisherman 28-07-25
Alerta Spoiler: En esta columna no encontrarán listas de nombres, sino opinión. Las listas pueden encontrarse en muchos medios, sin problemas.
"Cabalgando el Tomate: El Camaleón No Descansa".
Nos toca hablar, una vez más, de reinvenciones: el flamante “nuevo engendro partidario” que inauguró el Intendente suma una nueva estación a su largo periplo de sellos. Ya perdimos la cuenta: ¿es el quinto? ¿El sexto? ¿El séptimo con rebranding?. Lo cierto es que cada vez que cambia el viento, cambia el cartel. Y aunque jure que lo mueve la gestión y no la rosca, el Camaleón siempre encuentra un nuevo color donde posar la pancarta, aunque esta última voltereta no le sea muy fácil de explicar.
Montados sobre un tomate (literal y simbólicamente), el intendente Matzkin y el referente libertario Domínguez decidieron apostar por un outsider sin pasado político ni militancia, pero con buena imagen social gracias al deporte y su perfil solidario.
Una jugada ya vista: se elige una cara limpia, sin antecedentes partidarios, para esconder detrás el ingreso silencioso de la casta de siempre. Entre los nombres que componen la lista conviven viejos figurones del oficialismo, oportunistas reciclados (estrenándose como "Radicales con peluca"), y aportes de las distintas vertientes de la derecha local. Los “de siempre” que dicen estar contra “los de siempre”.
Y como marca la costumbre, el intendente, más que correrse, se multiplica: se transforma en jefe de campaña, centro del mensaje, y repite su mantra favorito sobre gestión eficiente, equilibrio financiero y mini-obra pública incesante (obvio, de los barrios en construcción detenidos, los sueldos de hambre, la decadencia en atención de la salud, y otras deudas, ni hablamos).
Todo indica que la campaña se parecerá mucho a las anteriores. De hecho, ya se notan los síntomas: reapareció —milagrosamente, como por arte de campaña— el subsidio a los clubes. El problema, claro, será explicarle eso a sus nuevos socios libertarios, más afectos a dinamitar el Estado que a celebrar sus obras. ¿Qué dirán cuando empiecen las entregas de garrafas, subsidios varios, o la inauguración número 18 de la misma cuadra de cordón cuneta?. Será interesante saber qué piensan sus flamantes aliados, tan comprometidos en el discurso nacional con el recorte del gasto público, acerca de la donación del sueldo del mandatario de un 5% a entidades de bien público, previo auto-aumento de un 20%. ¿Avalarán esta versión municipal del asistencialismo? ¿Harán silencio para no incomodar? ¿O quizás se sumen con alguna sonrisa forzada a la próxima entrega de enormes cheques simbólicos?.
Lejos de “tenerla fácil”, la Alianza enfrenta no pocos desafíos: Un electorado desmovilizado, con fuerte ausentismo proyectado para septiembre. Una tendencia que podría repetirse, o profundizarse, que casi 6 de cada 10 vecinos no evalúa votarlos. Tal vez por eso algunos se preguntan si no adoptarán pronto las formas de sus referentes nacionales: gritos, insultos y épica de redes sociales, o si seguirán fingiendo estar en una “isla” donde la política se hace de otra forma, pero igualmente, las formas poco importan.
A modo de Post-Data: Dada la "sorpresiva" ausencia en la lista, debemos sospechar que los elogios que se prodigaron el actual Intendente y el Ex Intendente Oreste no fueron suficientes para lograr el definitivo maridaje?.
Cristinismo en conserva: Sin épica, Sin sorpresas.
En su enésimo re-bautizo, el kirchnerismo pringlense vuelve a ponerse en marcha, esta vez bajo el rótulo “Movimiento Fuerza Patria”. Un rebranding más, casi automático, de los que ya no sorprenden a nadie. La novedad dura lo que tarda en leerse el encabezado: debajo, todo huele a déjà vu.
Los nombres son los mismos, las dinámicas también. La Cámpora conserva el control absoluto, como si fuera una franquicia cerrada, y esta vez ni siquiera disimuló algún gesto de apertura hacia el peronismo más tradicional. El PJ local —ese aparato que se declara “orgánico” pero siempre llega tarde— fue elegantemente excluido del diseño, sin escándalos pero también sin concesiones. Al resto del “ecosistema” se lo ordenó con una mezcla de condescendencia y bisturí: se incluyó a algunos representantes del Consejo Partidario sólo para que no molesten desde afuera, mientras que las corrientes menores —las que supieron ilusionarse con una lista de unidad— fueron barridas sin siquiera dejar rastro en las redes.
Los “auto-candidatos mediáticos” de las semanas previas —esos que fantaseaban con encabezar gracias a sus minutos de aire— se esfumaron como si jamás hubieran existido. Tampoco sobrevivió la épica inclusiva del 2023: ningún sindicalista, ningún sector social, ninguna voz fuera del radar camporista. La lista se completa con apellidos repetidos —algunos con más permanencia que votos— y con aliados de ocasión que saben que su función no es discutir, sino obedecer. El massismo, por ejemplo, logró colar a un “prestanombre”, más decorativo que influyente, cuyo principal capital es prometer lealtad a cambio de una banca y un poco de luz.
En ese marco, el nuevo espacio parece más un club cerrado que una herramienta de representación. Las internas no se disputaron: se suprimieron por goteo, en reuniones paralelas o mensajes directos, y el resultado fue una lista sin ruido, sin épica y sin entusiasmo. Una fórmula que ya probó no funcionar, pero que insiste. Tal vez por inercia, tal vez por fe. La pregunta es si esa inercia alcanzará para retener el electorado de siempre, o si la falta de renovación volverá a abrir el juego para terceros inesperados, como ya ocurrió en otras oportunidades. En definitiva, el Frente... o lo que quede de él, parece cada vez más un archivo renombrado: mismo contenido, diferente etiqueta.
Por lo pronto, habrá que ver qué hacen con el cartel de “#CristinaLibre”: ¿lo levantarán con orgullo en las caminatas barriales o lo esconderán en la guantera, junto al CD de Wado y las boletas viejas de Unidad Ciudadana? ¿Y las fotos sonrientes y abrazados del primer candidato con el Intendente Municipal inaugurando cosas?. Creemos que ni con IA se borran o se esconden (recuerdos de una escribanía que muchas veces "auspició").
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Ni con Milei ni con Cristina: el limbo político como estrategia
El flamante Movimiento “Somos Buenos Aires” se presenta como un espacio de centro, de diálogo, de nuevas formas… aunque en los hechos parece más bien una reunión de autoexiliados políticos que buscan reubicarse en algún mapa. A nivel local, la lista está encabezada por jóvenes radicales de buenas intenciones y correctas maneras, aunque su experiencia se limita a una militancia juvenil que no alcanzó a mancharles ni el currículum ni los zapatos. Prometen renovación, aunque en el fondo se intuye más ensayo que proyecto.
En el plano provincial, el espacio intenta agrupar a sectores díscolos de la UCR, del PRO no alineado con LLA, de la Coalición Cívica, el GEN, y hasta algunos peronistas conversos. Pero ya en el armado de listas comenzaron las fugas: el GEN y los peronistas se bajaron antes de que empezara la música. Parece que hay quienes sólo militan si hay poder en juego, aunque los votos ni se asomen.
Volviendo al pago chico, una de las incógnitas será saber hasta qué punto el primer candidato es realmente autónomo o si seguirá orbitando en torno al apellido de su padre, el ex-intendente de modos firmes y legado rugoso. A su vez, el grupo deberá cargar —si se anima— con el peso simbólico de las figuras que merodean la periferia de la lista: los llamados “talibanes” de Cambiemos, ex bullrichistas vocacionales que quedaron sin patria política tras la implosión del macrismo primero, y de la Alianza después. Algunos, como actuales concejales, o un asesor legislativo rentado sin función conocida, comenzaron a redescubrir su esencia radical justo a tiempo para subirse al nuevo colectivo. Son mochilas pesadas, que a veces parecen equipaje olvidado, pero otras, lastres bien sujetos al chasis.
El tiempo dirá si logran convertirse en una alternativa legítima, o si quedarán como otro experimento de centro que, en su afán de no incomodar a nadie, termina sin representar a nadie.
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Coherencia y territorio: la otra épica
La izquierda local tiene una tarea clara pero ardua: defender las dos bancas conquistadas en aquella histórica elección de 2021, cuando el viento de la bronca empujó más fuerte que nunca. Su principal activo sigue siendo la coherencia: una oposición firme pero con contenido, sin zigzagueos discursivos ni silencios estratégicos. Suman también un trabajo territorial persistente, cara a cara con las urgencias del barrio y sin perder el pulso nacional.
La primera candidata, que busca renovar su banca, ha sabido combinar presencia mediática con identidad política, sin sobreactuar ni ocultarse detrás de slogans. Como sugiere la imagen, su figura carga hoy con una épica de lucha que no es impostada: se sostiene en una biografía de convicciones y militancia. Eso sí: el riesgo está en enamorarse demasiado del personaje y perder de vista el proyecto colectivo.
Con un electorado cada vez más volátil y el probable ausentismo de votantes desencantados con el sistema, el FIT podría capitalizar también los votos de quienes se sienten huérfanos o traicionados por otras fuerzas. No será fácil, pero tienen algo que escasea en la política local: una línea clara, sin dobleces, y una militancia que no depende de coyunturas ni cargos.
Así, entre regresos forzados, travesías al centro, saltos al vacío y coherencias incómodas, se va perfilando una elección con más preguntas que certezas. Y como siempre, será el votante —ese actor silencioso y a veces imprevisible— quien decida si premia la lealtad, castiga la traición, o simplemente elige no elegir.Seguimos...
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